27/05/2015 - El P. Francisco Verar, de Panamá, visitará Sevilla y Barcelona

Hace tiempo que quería mostrar mi preocuación por una situación que se viene dando muy alegremente cada vez que el Papa dice algo, que es todos los días. No, no es preocupación. Es disgusto. La percha para hacerlo hoy y no en otra ocasión, ha sido un tema con el que soy profesionalmente sensible, aunque me viene de lejos. Hacer un buen trabajo no es lo mismo que hacer un mal trabajo. Dedicar tiempo y esfuerzo no puede tener ni la misma credibilidad ni me el mismo trato que no dedicarlo. Salvo que estemos en España, el país en el que los mediocres campan a sus anchas, haciendo juicios y dando opiniones, con mayor peso que los profesionales hontestos con la responsabilidad encomendada.
Me asombra la cantidad de gente que parece disfrutar interpretando a su gusto, sin medida y sin filtro alguno, cuanto dice el Papa, como si el Papa fuese un tertuliano más de tantos que nos rodean.

El Papa y el Espíritu Santo

El Papa ha sido enviado por el Espíritu Santo. O te lo crees, o no te lo crees. Sí, es argentino. Sí, tiene aires más de párroco que de obispo. Sí, usa zapatos viejos, viaja en metro, rompe protocolos y no sabe alemán ni inglés. Pero aún con todo eso –que para mí todo está bien-, tiene al Espíritu Santo en su ministerio.
El Papa dice una cosa, con ese acento platense, como de telenovela, y hay gente que se lanza a pecho descubierto a explicar al resto del mundo lo que ha dicho el Papa. ¡Curioso comportamiento! Curioso porque, cuanto teníamos un Papa polaco o alemán, nadie les cambiaba ni interpretaba ni una puñetera coma. No entendíamos ni papa y, sin embargo, amén a todo. A este de ahora, al que se supone que en España entendemos más claro, por eso del idioma, resulta que hay que ir interpretándole todo.
¡Cómo han cambiado las cosas y qué poco lo aguantan algunos! Recuerdo cómo no hace ni cuatro años, una monja española le dio un abrazo a Benedicto XVI, y fue saco de gimnasio durante semanas de tertulia de expertos. Ahora, tenemos un Papa que es él el que va dando abrazos a todo lo que se mueve, y claro, los tertulianos expertos se quedan en fuera de juego. Porque además, este Papa, no les abraza a ellos. No, este Papa abraza a un transexual que le cuenta su historia, a un endemoniado, a un enfermo con una deformidad abominable, a un musulmán…. Insoportable, vamos.
Luego, el Papa ha cogido la costumbre de celebrar Misa cada día en Santa Marta, y en cada una de esas Misas, predica una homilía… improvisando un poco. Estará mejor o peor, pero es el Papa. Lo que lo hace insoportable también, como lo de los abrazos.

En sus homilías, él va soltando perlitas. A unos por allí… a otros por allá… y nuestros doctorados en tertulia dogmática, que sí están ungidos por el Espíritu Santo para ser Papas o Jefes de Papas, escudriñan sus mensajes. Primero, nos los traducen, que como digo, el castellano no se entiende en España tan bien como se entendía el polaco y el alemán. Obvio. Segundo, lo analizan, para explicárnoslo a los que no lo hemos entendido bien. O sea. A los que hemos entendido lo que ha dicho, pero no lo que los expertos tertulianos quieren que haya dicho. Un aguafiestas este Papa.

Resulta que el Papa ha dado un toque de atención, entiendo que cariñoso, porque no es un hombre rencoroso, a los cristianos que viven su fe pendientes de lo que diga el "vidente de turno". El Papa da ese toque, y la Playa de Omaha cambia su nombre por la de Playa de Aldea de Medjugorje, los doctores en tertulia dogmática visten al Papa de general Patton, y a los miles de personas que han vivido un acercamiento a la Iglesia en la aldea maldita de las puñeteras conversiones, los visten de miembros de la Wehrmacht –como todos sabemos alemán, no voy a traducir la palabra– a los que hay lanzar a las llamas del infierno tertulianista.
Doscientos casos al año

Os voy a contar un secreto, gratis. Bueno, no es que sea una exclusiva. Basta con que el experto tertuliano haga de periodista en vez de disfrazarse de ello, descuelgue el teléfono y llame a Roma. Dos llamadas, solo dos llamadas, para que, en un español parecidísimo al italiano, pero bastante más claro que el castellano del Papa, te cuenten cosas que, como digo, en realidad no son tan secretas. Hagan la prueba.
Cada año, de entre los miles de informes e informaciones que llegan a Roma, y de tantos asuntos tan diferentes, se recibe documentación de unos doscientos casos de revelaciones privadas y fenómenos místicos sucedidos en todo el mundo. Desde la llegada del Espíritu Santo, Dios tiene la costumbre de, sin pedir permiso a nadie, hacerse prsente en este mundo además de a través de la Palabra y los Sacramentos, de importantes fenómenos místicos privados. Apariciones de la Virgen, locuciones del Señor, apariciones de Jesús, mensajes, visiones, imágenes que lloran sangre, milagros eucarísticos, estampas que sudan aceite… En España, Honduras, Irak, Camerún, Georgia USA, Bolivia, Argentina, Panamá, Rusia, Korea del Sur, Bosnia Herzegovina, Líbano…

Raro... es muy raro

Yo se que, así dicho, suena raro de narices. Pero es que… lo es, amigos. Tan raro como fue el asunto de Santa Teresa. Que empezó así, ¿eh? Tres veces llamada a capítulo por la Santa Inquisición. Tres. No era para menos, el caso de la monjita que levitaba con su confesor y que quería reformar una orden con raíces milenarias. Así empezó el asunto de esos tres chavalitos analfabetos de Fátima y los famosos secretos. Así empezó la historieta de ese frailecillo capuchino llamado Pío. Sí, a su canonización fueron trescientos mil tíos, de los que intuyo que más de uno, al menso dos, sabría que este buen hombre tenía unos agujeros en las manos del tamaño de una moneda de dos euros. Así, con estas, empezó también el asunto de la gruta esa al sur de Francia y el agüita de los paralíticos que se curan, los muy irracionales de ellos que cogen y se levantan y dejan allí su silla. Insoportable todo.
Así empezó lo del pueblo de las conversiones, que no se si de las apariciones —Conversión: dícese de ese fenómeno que tanto molesta al hermano mayor del hijo pródigo—. Si se les aparece la Virgen o no a esas seis personas, solo ellos lo pueden saber. Lo que sí que se sabe más allá de ellos es la cantidad de gente que ha vuelto a la Iglesia tras visitar el Omaha bosnio. Puede que haya sido solo uno, puede que solo dos... con que hubiesen sido diez yo ya me daba una fiesta de alegría, ¿eh? ¡Diez conversiones! ¿Pero sabéis lo que es eso? Con lo caro que está el kilo de conversión en estos tiempos... Pero no sé si habrán llegado a diez los conversos de Medjugorje. Yo no lo sé, porque no he contado a todos. Quien parece llevar una cuenta más exacta es monseñor Munilla, obispo de San Sebastian, quien esta misma semana ha delcrado en Radio María su amor por Medjugorje y por lo que allí viene sucediendo, convencido de que los inmensos frutos de Medjugorje, son verdaderos, y de que toda esta opocisión tan brutal a un fenómeno tan bueno, es en realidad un signo de la Providencia que lo ha haecho ha sido darle mayor autenticidad, mayor cedibilidad. Vamos, que se ha mojado, y dicho sea de paso, se agradece mucho que uno de nuestros pastores más significativos, lo haya hecho.
Así,como venía diciendo, empezaron también, es tan verdad como lo otro, un montón de intentos de estafa. Solo en Lourdes, en su tiempo y alrededores, surgieron decenas de casos de videntes que intentaron hacer su agosto, reclamando la atención de los miles de peregrinos que acudían a la gruta de Masabielle. Videntes, estafadores, mentirosos, pícaros… un poquito de todo. Para eso está la Iglesia Madre.
Señores que han visto, señoras que han oído, niños que cuentan… Doscientos casos, diez arriba o diez abajo, cada año, remitidos por las diócesis de origen, que informan a Roma solo de aquellas que han levantado, para bien o para mal, el interés de su obispo. Vienen a decir a Roma, en comunión, algo así como: “Ojo, que aquí está pasando esto, daos por enterados, ya os iré contando…”.
La verdad es que analizar uno a uno esos doscientos casos, debe de ser un trabajo tremendo. Gracias a Dios, nosotros, en España, contamos con los doctores en tertulismo dogmático, quienes, disfrazados de periodistas, ya han hecho ese trabajo. Tras las palabras del Papa del otro día, después de escudriñar no solo los doscientos casos del último año, sino también los acumulados, al menos, desde 1981, han adivinado, y así nos lo concluyen convencidos, que el Papa, de entre esos doscientos, más los doscientos de cada año de los últimos 34 años (6.800), habló el martes pasado del asunto de Medjugorje.
La verdad es que, teniendo a nuestros tertulianos expertos y doctos, no tengo ni la más remota idea de por qué, en el caso concreto que ellos han señalado, Roma ha montado el guirigay que ha montado, organizando una comisión de 19 expertos, viajando y haciendo viajar a un montón de gente a la que no le sobra el tiempo, que se han reunido 17 veces, oiga, 17. ¡Si con muchas menos reuniones se monta y se desmonta un periódico! Que no me lo invento. Que lo viví en su día.
En fin, para no darle más bola al tertulismo religioso. Sobre el asunto de Medjugorje, me la voy a jugar. Voy a soltar un órdago. Lo que voy a hacer es seguir a pies juntillas lo que sí ha dicho el Papa refiriéndose a Medjugorje. Voy a seguir a pies juntillas lo que viene diciendo Roma desde 1991: Que no se puede aún concluir que son apariciones, pero tampoco excluir, que hay que seguir investigando, que las peregirnaciones privadas están permitidas y que los peregrinos han de ser acompañados pastoralmente.

Lo demás, por ahora, lo dejaré en cuarentena perpetua.

A ver qué ha dicho el Papa… que ya hay una investigación, que ya hay un informe, que se van a reunir en breve y que anunciarán sus conclusiones. Me la voy a jugar: El Papa no es Patton y vosotros, muchachos, no sois soldados alemanes en las trincheras de Normandía. Voy a intentar de no trataros como a imbéciles y voy a deciros que… nada ha cambiado. El Papa sigue hablando, los expertos tertulianos le tratan como al Gran Tertuliano que a ellos les gustaría que fuera, y nosotros… a seguir orando, como vayamos pudiendo.
El Papa no es un tertuliano más. El Papa es Pedro, incluso aunque Pedro te caiga mal y te caiga mejor san Juan o san Cucufato.
El Papa dice lo que dice y lo que no dice, no lo dice.

Ha pasado con esto y con cada tema que toca. Ayer me lo decía un amigo que trabaja en el Vaticano: "Yo ya me he cansado de decir no ha dicho esto, no ha hecho quello... a la gente le da igual".

Pues a mí no me da igual. Siempre, siempre, siempre, viva el Papa, que tiene con él al Espíritu Santo. O viva el Espíritu Santo, que nos ha enviado a este Papa. Aunque para la próxima, a ver si se esmera un poquito más y nos manda un Papa que nos hable en japonés. Sería un detalle.

Fuente: www.religionenlibertad.com