Boletín nº 180 - 26 de Noviembre de 2002

Impresiones del Arzobispo de Fiyi

Como escribimos en el número anterior del Bulletin, Mons. George Pearce, arzobispo emérito de las islas Fiyi, vino en visita privada a Medjugorje entre fines de septiembre y principios de octubre. Damos a conocer sus impresiones:

“No dudo de la autenticidad de Medjugorje. He estado en este lugar tres veces y a los sacerdotes que me preguntan les digo: vayan y siéntense en el confesionario, y verán milagro tras milagro… por la intercesión de María y por la fuerza de Dios. Se nos ha dicho: “Por los frutos los reconocerán”. El corazón y el alma de los mensajes de Medjugorje seguramente son la Eucaristía y el Sacramento de la Reconciliación.

No existe alguna duda de que esto es una obra de Dios. Como lo he dicho: no puedes no creer, después de haber transcurrido un poco de tiempo en el confesionario. También los signos y los milagros son regalos de la misericordia de Dios, pero para los sacerdotes el mayor de todos los milagros es poder ver a la gente en torno del altar de Dios. He estado en muchos santuarios, transcurrí mucho tiempo en Guadalupe, estuve ocho veces en Fátima y en Lourdes. Es la misma María, el mismo mensaje, pero aquí en Medjugorje, está la palabra actual de la Virgen para el mundo. En el mundo hay tanta angustia y padecimiento. La Virgen está con nosotros todo el tiempo, pero está de una manera especial con nosotros en Medjugorje.”

A la pregunta: “¿Está enterado de que en el mundo existen miles de grupos de oración que han surgido impulsados por los mensajes de la Virgen de Medjugorje, existen más de mil grupos en su país, EE.UU.,…? ¿En qué medida es un signo de que la Iglesia reconoce la palabra de Dios en las palabras de la Virgen?, Mons. Pearce dijo:

“Nosotros tenemos un grupo de oración en la catedral en Providencia, lugar en que actualmente vivo. Nos llaman “la pequeña Iglesia de Santiago Apóstol”. El grupo se reúne cada tarde para la Adoración del Santísimo Sacramento del Altar, la bendición y la Santa Misa. Pienso que aún no hemos aceptado el mensaje. Muchos volvieron a Dios después de los acontecimientos del 11 de septiembre del año pasado, pero pienso que necesitamos mucho más para que todo el mundo vuelva verdaderamente a Dios. Oramos para que eso suceda con o en la esperanza de que nos convertiremos al Señor antes de que ocurran otras lecciones que nos obliguen a aprender. No obstante, también eso una obra de la misericordia de Dios. Todo es obra de la misericordia de Dios. Sabemos muy bien que Dios en su amor misericordioso, en su providencia, hará todo para que ninguno de sus hijos se pierda completamente, y eso es lo que verdaderamente cuenta.

Le diría a todos: vengan a este lugar con la mente abierta, en oración, encomienden vuestro viaje a la Virgen. Vengan, y el Señor hará todo el resto.”

Impresiones del Obispo de Canadá

En el número anterior del Bulletin, escribimos acerca de la visita de Mons. Pearse Lacey, obispo emérito de Toronto, Canadá, el cual visitó de manera privada Medjugorje, del 12 al 19 de octubre, con un grupo de peregrinos canadienses. Acerca de sus impresiones, Mons. Lacey dijo:

“En Medjugorje estuve en 1987. En ese entonces todo era más simple que ahora, pero el Espíritu aún está presente en este lugar y la presencia de la Virgen es total. Dondequiera se percibe la gracia maravillosa de Dios que actúa en la vida las personas. He encontrado a personas que aquí han venido constreñidos por problemas de drogas, alcohol, he encontrado personas con trágicas situaciones existenciales, como también la manera en que Dios se revela y manifiesta. Un sacerdote me contó que se había cansado de confesar, que había dejado de hacerlo y quería irse, ¡pero la gente lo hizo regresar! El gran número de confesiones es un indicador suficiente de la presencia de Dios en este lugar. Increíble. Para mí eso es Medjugorje.

Las apariciones de la Virgen no son para mí un problema. Es una cuestión de fe. No podemos obligar a nadie a creer ni a ser devoto. Lo que más podemos hacer es testimoniar con el propio ejemplo. Esa es la libertad que Dios nos ha dado a todos. El quiere que respondamos con fe y amor.

El mensaje fundamental de Medjugorje es totalmente sólido. Vivimos en el año 2002, pero la gente está aún formada de cuerpo y alma y todos llevamos las huellas del pecado original. Nuestras necesidades son las mismas que existían en los tiempos de los apóstoles y de todos los tiempos. Nosotros somos hijos de Dios y nuestras necesidades son tan grandes como las necesidades de cada generación. ¡Por eso el mensaje debe ser el mismo! No podemos vivir sin Dios. Eso es lo maravilloso de Medjugorje. Es un oasis de Dios, es la vida de la Iglesia tal como debería ser. La palabra tradición no es una palabra fea, aunque algunas personas piensan lo contrario. La vida del sacerdote consiste en hacer que la gente regrese a Dios, gente que se perdió, porque pensó que la fe no era importante. Gracias a Dios que nos da estos lugares. He estado en otros lugares, pero Medjugorje es una luz que resplandece en el tiempo actual.”