Aquel niño llamado David cogió cinco piedras del suelo para enfrentarse al gigante filisteo, Goliat. Oró a Dios, confió en Él a pesar de no disponer de más armas que una sencilla honda de cuero,,, y le sobraron cuatro de las piedras. Las palabras llenas de verdad vuelan como las piedras, veloces y certeras, si se lanzan con la audaz confianza de un niño que se sabe hijo del Padre.